Eduardo Santos Guada. Pintor de árboles milenarios
que sueñan la primavera en un verde de acuarela
sugieren un dorado íntimo en otoño
y desafían desnudos al invierno

A la mirada apenas alcanza una luz tenue
en ese atardecer prematuro
ese ocre cargado de presagios esteparios
Y la mano solitaria, enterrada, ávida de raíces
y de agua y de luces, y entrañable,

apunta encinas solidarias como e1 amor que fue
soñador en vigilia de un viento temerario
que descubriera tus ramas enjutas y arteriales y vivas
como un trazo a fuego de miradas libérrimas

Eremita de una espadaña olvidada y herida de tiempo
conjuras la fuerza desde lo percario
Lejano y asaeteado por la soledad lacinante
recuerdas un rostro da hojas extenuadas.

Jorge Tapia Sáez

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