Al pintor de raza, al pintor que pinta para entender a la realidad

 

¡Quién tuviera la suerte de ser escritor! ¡ Quién tuviera la fortuna de pertenecer a ese grupo reducido, rara especie, preciosa especie, de los Saint-Exupéry, Solana, Vercors, Baroja (Ricardo), García Lorca … ! O Santos, este Eduardo Santos que se nos llega a las letras humildemente, como una sorpresa, presentida sin embargo.

Al pintor de raza, al pintor que pinta para entender a la realidad, se le escapa con frecuencia, con toda natu­ralidad, la palabra, que es la autoconciencia de la misma realidad. Y al poeta le conviene, muy mucho, encontrar algo en que depositar su palabra: por ejemplo, uno de estos árboles de una Extremadura lírica – sorprendente pero real Extremadura -, que ve para vosotros la pupila de Eduardo Santos. Si os fijais bien, son árboles muy reales, árboles con esa condición dura de la madera granate, almagre o sangre de toro, del alcornoque: y a esos árboles del ejido y el sol, los toca el pincel de Santos con una suerte de gracia oriental. No se sabe de donde les ha llovido la gracia, como le llueve al campo la mañana, el maná blanco del rocío. Con esa facilidad de las cosas importantes, a los árboles de Eduardo les florecieron las palabras. Los versos de Eduardo Santos, mi amigo, tienen en sí mismos la simplicidad y la frescura. La espontaneidad, que puede – y lo es en este caso – una actitud culta.

Leer este libro, y ver este libro, que me trajo bajo el brazo Eduardo, con una timidez encantadora, ha sido para mí un regalo. Es una pequeña-gran obra integral, que descubre, ¿o le evidencia aún más?, un artista integral.

A través del mundo que el arte le ofrece

 

Eduardo Santos Guada, aunque de origen familiar de León, nace en Madrid el día 12 de Julio de 1949. En esta misma ciudad estudia el bachillerato, en el Colegio de Ntra. Señora del Pilar, y Ciencias Económicas en la Universidad Complutense. Hace ya tiempo que se había iniciado en la pintura. Da clases, pinta si bien a rachas que se hacen cada vez más largas. Poco a poco empieza a aparecer en él una sola constante: expresarse. Esto lo hace a través del mundo que el arte le ofrece. Escribe, pinta, dibuja, es­culpe … , y va labrando su -carácter para expresar bús­queda e inquietud. No fue sino hasta después de un periodo de trabajo profesional como economista, cuando define todo su mundo en uno sólo, la pintura. Abandona toda activi­dad que no sea dibujar y pintar. Este periodo muy pro­lífico se concreta en sus exposiciones en Madrid. Desde entonces sólo lo ha compaginado con aquello que le sirve y nutre para expresar algo y dilatar su expresión. De ahí sus constantes viajes al campo extre­meño, que le sugiere, dice, empuja y da vida a todo lo que hace y que le dejará la huella suficiente para lo que hará.

Esta edición fue realizada en exclusiva, para regalar a las delegaciones del mundial de fútbol del año 1982.