Entrevista a Eduardo Santos Guada, para la Revista «Soy Pilarista» en junio 1992

Iba para economista, pero des­pués de licenciarse y trabajar en un banco decidió que lo suyo era pintar, cambió los números por el pincel y de eso ya hace 17 años. Acaba de finalizar una exposición patrocinada por el Ayunta­miento de Madrid y hoy vuelve orgulloso al colegio de hacerlo como pintor.  Sus dibujos de «misses» reali­zados en las aulas fueron los más conocidos y votados de su clase de la promoción del 66.

¿Desde cuándo pintas?

Pintar, desde siempre … las únicas matrículas de honor que tenía de niño en el colegio eran las de Arte. Le tenía un gran cariño a don Antonio Gómez Frías, profesor de Historia del Arte del Bachillerato. El siempre me animó, quería que yo fuera pintor, decía que valía. Pienso que, en parte, era un don natural.

A la salida de clase, durante unos cinco años, me iba a pintar al estudio de Carmen Nonella, unas cinco horas por semana: naturalezas muertas, bodegones, etc. De niño me entretenía más con un cuaderno y con un lápiz que con un balón, como depor­tista he sido un desastre.

Cuando dejé el colegio hice económicas, estuve en un banco dieciocho meses, pero por las tardes seguía pintando que era lo que de verdad me gustaba. Cuando quería aprender algo me iba al estudio de un pintor determinado y así estuve con José Beulas, Pedro Martínez Sierra y Eduardo Hernández Verdasco. Hice la primera expo­sición hace 17 años y en ese momento decidí que me iba a dedicar a pintar y… hasta ahora.

¿Cómo definirías tu pintura?

Es difícil definirse y expre­sarlo con palabras, quizá es un realismo poético. Hiperrealista no soy, porque aunque parto siempre de la realidad, luego pretendo que los cuadros digan algo. Quiero trasmitir una sensa­ción entre paz y sosiego. Siempre partiendo de la realidad, pero cambiando. Lo que no me gusta nada es hacer una pintura efec­tista.

Me entusiasma dibujar árboles, encinas y alcornoques. Tuve un pequeño estudio en Extremadura donde paso temporadas y allí hago muchos dibujos sobre todo del natural. Me gustan sus amplios paisajes donde hay un momento que se confunde el cielo con la tierra. Es un lugar donde el final de la línea del horizonte no se ve nunca, es muy difícil que se vea en mis cuadros que existe la línea del infinito.

También me gusta pintar los cielos, como una cosa como grande y limpia, el mar y, por el contrario, no me gustan en exceso los paisajes montañosos, encerrados.

En cuanto a la técnica hay partes de los cuadros que están elaboradas con técnicas compli­cadas, veladuras, miles de pin­celadas y otras partes están más superficialmente tratadas.

¿En qué te inspiras?

Paseo mucho por la natura­leza, cuando voy viajando, que soy un gran viajero, llevo siempre máquina de fotos y un cuaderno con apuntes, para tomar nota cuando veo algún paisaje que me choca. Luego en ef estud,o es donde realmente me ínspíro, aunque yo no creo mucho en la inspiración, sino más en fas horas de trabajo, porque muchos de mis cuadros llevan tres o más meses de elaboración cada uno. Creo más en el quehacer de todos los días que en la inspira­ción, lo ideal es que venga la inspiración, pero trabajando.

¿Qué tipo de pintura haces?

Hago de todo, acuarela, oleo, dibujo, grabado y algún bronce que otro. Pastel es lo único que no me gusta hacer. Depende de la obra y del mo­mento, para apuntes rápidos la acuarela viene muy bien; en invierno me apetece más hacer grabado, parece que hay menos color en el ambiente. El lápiz me encanta -me enseña el retrato de una niña-, pero hago pocos retratos.

Pretendo que los cua­dros digan algo

Las acuarelas me gusta ha­cerlas muy pequeñas, pero los oleos los prefiero grandes. Creo que la pintura tiene que ser una cosa hermosa y me olvido un poco del tamaño de las casas de hoy en día. También hago árboles en bronce, pero menos, porque la escultura es todavía más labo­riosa que pintar.

 

Revista «Soy Pilarista»
Junio 1992